Hermana Maragarita Navarro

Margarita Navarro, cariñosamente conocida como "Hermana Margarita" entre las personas a quienes sirvió en Nicaragua, nació el 20 de octubre de 1931 en Cincinnati, Ohio. Sus padre fueron Cecilia Sack y Frank Navarro. Margarita tuvo cinco hermanas y dos hermanos. Asistió a la escuela primaria "Guardián Angel Grammar School" y a la Academia de Secundaria "Saint Joseph Academy", dirigida por las Hermanas de San José. En 1953, siendo reina de su clase y jugadora de softball, decidió ingresar a la Congregación de las Hermanas de San José de Bourg (después Congregación de Medaille). Su gran deseo fue el de ser misionera en Africa. Este deseo misionero tuvo que esperar 10 años.
Después de haber recibido la Licenciatura en educación en la Universidad Loyola en New Orleans, ella impartió clases en la escuela Frances Cabrini en Nueva Orleans, Inmaculate Heart of Mary (Inmaculado Corazón de María, en la que se desempeñó como directora), en Cincinnati y Guardián Angel (Angel de la Guarda) en Cincy.
En 1963 su sueño misionero casi se convirtió en realidad. Ella y otras tres hermanas: Camille Simoneaux, Jeanne Blanchard y Gay Redmond, asistieron a la escuela de Idiomas dirigida por el sacerdote Ivan Illich, en Cuernavaca, México. Después de concluir el curso en Cuernavaca, ella y Jeanne Blanchard asistieron a la Universidad de Chile el año 1963-64, donde ambas se graduaron con honores.
Su deseo de servir a las personas más pobres se fortaleció después de que ella junto con otras hermanas comenzaron a trabajar en Panamá en 1964, donde trabajó junto con el Padre Héctor Gallego, quien fue asesinado por luchar por la justicia. Después de la muerte del Padre Gallego, ella continuó en Panamá hasta 1972. En 1973 se fue a trabajar con un equipo de sacerdotes, religiosas y médicos, a Netzahualcoyolt, uno de los sectores más pobres de la Ciudad de México.
En 1983, Margarita junto con el sacerdote Angel Torrellas, llegaron a Managua, Nicaragua, ambos movidos por el espíritu de la revolución y fundaron el Centro Cultural "Héroes y Mártires de Batahola Norte" (hoy Centro Cultural Batahola Norte), en el barrio con el mismo nombre. Este centro ha sido una fuente de vida para muchas personas, hombres y mujeres adolescentes, mujeres de distintas edades quienes han sabido desarrollar sus talentos y participar en procesos educativos que han transformado sus vidas.
Margarita fue realmente una líder carismática, que creyó y vivió las bienventuranzas de Jesús de manera singular. Ella dedicó su vida al servicio de las personas más pobres. Su compromiso hacia las personas a quienes sirvió se evidenció en el amor y entusiasmo con que vivió cada día de su ministerio. Ella arriesgó su vida en la lucha por la justicia contra los oprimidos y oprimidas. Ella estuvo al lado de quienes fueron matados y torturados por exigir justicia para las personas más pobres. Mientras acompañaba el funeral de uno de ellos, fue orientada a no ir al cementerio ya que miembros de los escuadrones de la muerte la estaban esperando. La esperanza expresada en las personas fortaleció la suya y siempre creyó que quienes sufren injusticias un día tendrán una vida nueva. Su lema siempre fue: "Mañana será un nuevo amanecer".
Quienes tuvimos el privilegio de atender a Margarita en su agonía, nos maravillamos de la forma en que vivió y murió -entregándose con amor a las y los suyos, llena de sencillez y de paz. Mientras cada día muchas personas, jóvenes y mayores, le visitaron en su pequeña casa, ella se dirigió a cada quien con amor, tranquilidad y una bella sonrisa.
Durante la ceremonia de la extremaunción de los enfermos, ella se hizo rodear de un círculo de amigas y amigos del Centro y les comunicó que ella escogió morir en Nicaragua porque aquí estaba en su casa y porque les amaba mucho. Su espíritu vivirá entre la gente en el Centro, en el jardín y en la pequeña fuente que se ha creado en su honor y en honor del Padre Angel, co-fundador del Centro.
Sabemos que Margarita disfrutó de la música, por eso es que la entregamos en las manos del Creador del Universo, a quien sirvió con toda fidelidad y con mucho amor. La entregamos en medio de danzas y cantos mientras es recibida con las palabras "Ven amada mía, has recorrido el buen camino, Ven donde podrás cantar con libertad y alegría nuevamente".
Querida Margarita, muchas personas sufriremos tu ausencia, pero te estaremos por siempre agradecidas porque nos has enseñado no solamente como vivir compartiendo amor sino como morir con paz y serenidad. Adiós amiga hermana querida.
(escrito por Hermana Margaret Maggio, CSJ)
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